MIS CUATRO LIBROS EDITADOS

MIS CUATRO LIBROS EDITADOS

sábado, 28 de noviembre de 2009

Cuento autobiográfico de Navidad por Eliane Bösch


Todos los años cuando llega Diciembre, yo soy feliz armando el árbol de Navidad.A veces me he preguntado...¿porqué? Y tratando de psicoanalizarme (jaja) he llegado a la siguiente conclusión: he sido muy feliz en mi niñez, junto a los arboles de Navidad. Era la época (aquí deben recordar mi edad...!) en que los arboles no eran de plástico... sino pinos de verdad. Y las luces eran unos broches de metal que se colocaban en las ramas de los arboles, y adentro iba una pequeña velita que se encendía con fósforo... yo era muy pequeña y no recuerdo ningún incendio en casa, pues mi mamá era muy cuidadosa. Recuerdo los cantos de Navidad, entonados con toda la voz de mi papá, que me abrazaba y se reía conmigo. Recuerdo la nieve, esto sucedía en Suiza, y jugar con ella. Una vez, siendo muy chiquita, me asusté mucho pues golpeó Papá Noel la puerta y preguntó si esa nena se había portado bien. Al decirle mi mama que si, el dijo su JO JO JO entonces recibirá regalos! Esa voz profunda me asustó terriblemente...jajaja

Y a continuación quiero contarles un hecho que me sucedió (debía tener 4 años) y lo haré en forma de cuento:

Eliane vivía en Suiza con sus padres, en una casa de dos plantas. Dormitorios arriba y un salón muy grande abajo. Ella tenía la costumbre, todas las mañanas, al bajar, tirar por la escalera un acolchado de plumas, en el cual se quedaba jugando durante el día. Era la mañana de Navidad:

Eliane bajó como siempre y... quedó deslumbrada, al ver en un rincón del salón, el árbol de Navidad con sus velas encendidas. Al costado, mi papá sentado para ver mi cara, mi mamá a mi lado. Siguió mirando y en una mesita, ahí mismo, había UNA CASA DE MUÑECAS. Pero no era cualquier casa... la había fabricado mi papá de madera, la pintó de celeste y mi madre le compró: mesita del living redonda con mantelito al crochet, sus sillitas, pequeñas muñecas sentadas. En la cocina, una alacena también de madera, con latas que decían:Cacao - Sucre - etc. El baño estaba separado con una cortina de tela hecha por mi mamá. Y había alfombras y muchas cositas más...

Pero ahí no terminaba la cosa... al lado del árbol había un cochecito, también azul con una bella muñeca. Eliane se acercó, miraba todo, tomó el cochecito para hamacarlo ... pero totalmente muda! Entonces, mi mamá me dijo: - Y ? No tenés nada que decir? - Y ahí comprendí que debía decir algo... qué? Y no se me ocurrió otra cosa que decir, rascándome la pierna: - mami, me pica -

Risa de ambos y esa respuesta quedó para la posteridad.

Fin

ANDANDO por Gabriel Casares


A continuación voy a pasar una pequeña poesía, del otro mellizo, o sea Ruben Gomez cuyo seudónimo es Gabriel Casares. El es un muy buen amigo de Mar de Ajo, que junto a su hermano organizan todos los años la marathónica de literatura. Y dice así:


Andaba yo, desnudo de todo,
hurgando entre piedras que dejó el pasado
buscando la piel que envolvió los recuerdos
de mis viejas cosas, que ya se han marchado.

Andaba yo, desnudo de ti,
de tu tibio cuerpo rodeando mi abrazo
de tus labios frescos, cántaros ausentes,
que entre viejos besos se hicieron pedazos.

Y así sigo andando, desnudo de mi,
con viejos fantasmas marchando a mi lado;
tratando de hallar en vanos deseos
algo que me abrigue por haberte amado.

Gabriel Casares

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Marathonica Mar de Ajo de poesia y narrativa - Fundación de poetas Rene Villar










Este evento literario tuvo lugar desde el 11 al 15 inclusive de noviembre, en el Hotel Latinoamericano, en la ciudad de Mar de Ajo, de la Provincia de Buenos Aires - Argentina. En el mismo hubo rondas de lectura, donde todos los escritores leían algo de su autoría, cuento o poesía. Hubo muchas presentaciones de libros, distintas ponencias, y un seminario dictado por el prestigioso Dr.Vicente Zito Lema. El sábado 14 a las 4 p.m. hice la presentación de mi libro "Cuatro hermanos en el siglo XVIII" con la colaboración de la poeta Iris Cadelago.

Al final, cada noche teníamos una vez danzas, otra el actor y escritor Alfred Hopkins puso en escena una poesía de Pablo Neruda y otra de Nicolás Guillen. En cambio el sábado a la noche, se presentó la banda de rock RENATA, que fue muy bien recibida.

En general, hubo una muy buena camaradería y junto a mi hija nos sentimos realmente muy bien. Debo decir que la organización se la debemos a dos magnificas personas, mellizos ellos... Horacio y Ruben Gomez.

El hotel estuvo finamente atendido por sus dueños que no escatiman esfuerzos para ayudar a la cultura. Puedo decir que he vuelto con mis pilas cargadas... aparte de ver el mar desde mi habitación. ¡Volveré el año próximo!

Banda de rock RENATA






La banda de rock RENATA ,el sábado 14 de noviembre, deleitó con su música, a la marathónica de Mar de Ajo. La misma ha tenido mucho éxito, prometiendo volver el próximo año. Esta banda está integrada por Roberto, guitarra,y sonido (mi hijo!) la voz de Gelly(mi nuera!) en teclado, la pequeña Nadia (mi nieta!) acompañados por Eduardo en bateria, Sergio en guitarra y Paul en bajo, invitado de la banda Atemporal. Todos la pasaron muy bien y así como el público los escuchó atentamente, los músicos quedaron encantados por la atención recibida. Aparte todo esto, la mediadora, o sea yo, muy feliz porque todo salió mejor de lo esperado!

lunes, 9 de noviembre de 2009

RECONCILIACIÓN por Eliane Bösch




Epoca siglo XVIII – Lugar: Inglaterra. Elizabeth era muy feliz, pues se había comprometido con Patrick, el dueño del castillo Hampton, hacía unas semanas. Ambos estaban enamorados , después de haberse conocido en un baile.
Ahora , este había proyectado, la presentación formal de su novia, a familiares y amigos. Habían programado un pic nic pues el tiempo estaba muy agradable.
Llegó el día y ella se puso un lindo vestido para esta ocasión y el estaba radiante y orgulloso de presentarla a todos. Pero un hecho fortuito iba a nublar este festejo. Elizabeth estaba hablando con unas señoras, cuando llegó un joven a caballo. Ella en seguida lo miró pues su caballo cojeaba. Se acercó, y al bajar el jinete, ella resueltamente se acercó al animal y después de acariciarlo, apoyó su pierna en la pata delantera, haciendo que la subiera y así observó que tenía la herradura floja y se le había incrustado una pequeña piedra. Con sus dedos rápidamente sacó dicho objeto que tanto lastimara al animal, pero este se movió por el dolor y al bajar la pata, piso la pollera de su sanadora. El vestido se rompió en el ruedo y en ese momento se dio cuenta que todos la miraban y lo peor fue la cara de Patrick. Este se acercó, la tomó de un brazo y bruscamente la llevó adentro. A solas empezó a decirle con una furia contenida: - ¿que has hecho?¿ Tu crees que una dama como debe ser mi prometida, puede hacer lo que acabas de hacer? El arreglo de la pata del caballo es trabajo del herrero y no de una dama…Me has avergonzada ante mis invitados… ¡Esto no puede volver a suceder! – se dio vuelta y apretaba los puños con furia. A Elizabeth le empezaba a nublar la vista pues las lágrimas se agolpaban en sus ojos… estaba anonadada… no sabía que hacer…quería salir corriendo de allí. Al ver que el no le decía nada, salió y se escurrió sin que la vieran y al encontrar un carruaje, le pidió al cochero la llevara a su casa.
Entró llorando…su familia no estaba pues se encontraban en el castillo. Se tiró en la cama y estuvo horas así. Cuando la madre regresó le dijo que quería dormir y la dejaron tranquila.
Los días siguientes fueron una tortura para Elizabeth… su familia no le preguntaba nada pero la miraban con tristeza. Ya no lloraba pues sus lágrimas se habían secado… pero tenía su cara pálida y los ojos tremendamente hinchados.
Al tercer día llegaron del castillo con una carta para ella. Se fue bajo un árbol que era su preferido, para leerla tranquila. Su corazón latía muy fuerte… tenía miedo de abrir y ver su contenido. Sus manos temblaban cuando al fin rasgó el sello para empezar a leer:


- mi amada Elizabeth: debo pedirte perdón y espero que lo puedas hacer, por las palabras tan hirientes que te dije…Estuve pensando y me doy cuenta que fui un perfecto estúpido. Estoy completamente avergonzado de mi proceder. Podrás perdonarme, mi amada, mi vida…te amo tanto! Comprenderé si no lo haces, pues mis palabras fueron muy duras ; en ese momento no comprendí que tienes un alma tan dulce y buena , que también amas a los animales y no quieres verlos sufrir. ¡Eso es muy loable! Ya sé de tu bondad con todos y sobremanera conmigo. Quiero agradecerte de ser como eres…¡ pero necesito tu perdón para poder demostrarte cuanto te amo! Mi vida no vale nada si no puedo estar a tu lado…Si me perdonas, te espero en el bosque, hoy a las tres de la tarde. Espero con todo mi corazón verte llegar…Te amo…te amo… tuyo para siempre – Patrick

La cara de Elizabeth estaba radiante… quería saltar, reír a carcajadas, abrazaba la carta sobre su pecho… caminaba de un lado a otro. Cuando entró en la casa, la familia entendió que esa carta le había dado una gran alegría… Pidió que le preparen el carruaje para la tarde y al llegar la hora, después de arreglarse y peinarse, salió hacia el bosque del castillo.

El hacía más de una hora que la estaba esperando con cara muy seria. Cuando vio llegar el coche, se acercó para darle la mano para descender, y allí se miraron sin hablar unos segundos. Cuando el carruaje se alejó, Patrick le musitó: - gracias por estar … temía que no vendrías…yo… - y ella le puso un dedo sobre sus labios silenciándolo… - yo también debo pedirte perdón y te prometo que no haré nunca más una cosa así, cuando tengas invitados – entonces, a él se le iluminó la cara, se acercó y la beso larga y apasionadamente.
Después de unos minutos dijo:- te corrijo…primero cuando “tengamos” invitados y segundo me parece muy bien si quieres curar o ayudar a cualquier animal. ¡Tendrás mi aprobación!. –

Y volvieron a besarse apasionadamente. Luego empezaron a conversar sobre la boda pues la reconciliación había unido mucho más a esta pareja.

Eliane Bösch

domingo, 8 de noviembre de 2009

SOÑADORES por Elisa García Bösch


A continuación les transcribo un verso escrito por Elisa García Bösch, que viene a ser mi hija... y como hay un refrán que dice:..." la caridad empieza por casa..." y a esta poeta que es muy nuevita, quiero darle un empujoncito!

SOÑADORES

Poetas...
escritores del amor,
sencillez sentimental.

HOMBRES-MUJERES
NIÑOS-ADOLESCENTES,
TODOS...

Sentimientos que fluyen,
imaginación que vuela...
como ave en el firmamento.

Nosotros
la humanidad toda...
¡poetas, siempre!
Hoy-ayer,
eternamente románticos...

La vida,
poema real,
sueños-fantasias
ilusiones...
¡SOBRE UN FRAGIL PAPEL!


Elisa Garcia Bösch

domingo, 1 de noviembre de 2009

LA VISITA por Héctor Ricci


Aqui les transcribo un cuento de Héctor Ricci, que estuvo en el evento de Bialet Massé, Córdoba, Argentina.

Caminaba apurada, eran casi las 9 de la mañana y como todos los domingos a esa hora, la villa estaba tranquila y silenciosa. Paula se las arreglaba bien para esquivar los charcos de las callejuelas que serpenteaban entre las casuchas de chapa. Eran charcos chirles de barro y agua jabonosa, en cuya superficie se dibujaban manchas aceitosas que parecían mapas de archipiélagos. Con la agilidad de sus 27 años, su figura armoniosa pegaba fáciles saltitos de borde a borde buscando lo seco para no ensuciar ni su calzado ni la botamanga de los vaqueros. Miró para el cielo y entre los caños torcidos de las antenas y la maraña de los cables, descubrió un celeste prometedor del fin de la tormenta. Consultó su relojito y calculó que llegaría a la cárcel de Olmos cerca del mediodía. Era la primera vez que iba y le habían dicho que tardaría más de dos horas en llegar.
La muchacha cruzó el hueco del paredón que bordeaba la villa y vio que la avenida presentaba un aspecto desolado. Por la calzada, todavía húmeda, circulaban pocos autos y no andaba casi nadie caminando. Hasta los quioscos estaban cerrados y sólo un par de canillitas ofrecían sus diarios apostados cerca de la parada del micro donde ella se detuvo. Luego de un rato, subió al ómnibus que la llevó a la estación Constitución.
Sentada en un banco del andén, a Paula se le perdió la mirada entre el brillo de las vías, los durmientes sucios y los papeles que bailaban al compás de los remolinos de viento. Ni siquiera advertía a las palomas, que caminando ente las colillas y envases aplastados, picoteaban el piso muy cerca de sus pies. Pensaba en el pobre Rubén, en cómo habría pasado estas semanas de encierro, sin ver a nadie conocido y vaya a saber con qué tipos alrededor. Y además, en qué injusticia, porque estaba segura de que era inocente. Para qué habrá ido ese día a la casa de Peralta, justo cuando cayó la cana. Ella le había dicho “ese gordo no me gusta nada, anda en cosas raras”. Pero bueno ahora ya está, en el allanamiento encontraron y se llevaron de todo, entre eso, también a Rubén. Andá a explicar que no tenía nada que ver. Para cuando terminás de probarlo, si podés, ya te comiste unos cuantos meses adentro. Menos mal que por lo menos ahora se lo puede visitar. Seguro que me estará esperando ansioso. Tengo un poco de miedo, nunca entré a una cárcel y en la villa se escuchaba cada historia ...
El chirrido del tren que reculaba perezoso sacó a Paula de sus cavilaciones. Subió y se sentó del lado de la ventanilla, la que no pudo cerrar porque estaba atascada. El asiento metálico era duro y frío, pero tampoco le importó. Lo único que le importaba era llegar a ver a su querido Rubén. Después de una hora y media de viaje en tren y un rato en el micro Oeste, finalmente llegó a la cárcel de Olmos.
Al bajar del colectivo la sorprendió el intenso movimiento en la parada, que estaba ubicada justo frente a la entrada del establecimiento. Gente de toda edad iba y venía febrilmente. En su mayoría eran mujeres y chicos, que si bien por su vestimenta denunciaban una condición humilde, no parecían sucios ni rotosos. Todos, como ella, tenían algún bolso o paquete en sus manos.
Paula no sabía para dónde ir, cruzó el portal de acceso, vio una cola y se dirigió hacia allí. Preguntó y le confirmaron que era para la requisa previa al ingreso. La fila adelantaba lentamente, ya estaba cansada de estar tanto tiempo parada cuando, por fin, le tocó el turno a ella. Traspuso el desgastado umbral y antes de dirigirse al escritorio, desde donde un guardia de bigotes le hizo una seña para que avanzara, alcanzó a mirar las paredes que la rodeaban. Estaban pintadas y repintadas de un amarillo que se notaba distinto en cada mano y que en algunas partes se aglobaba formando unos forúnculos de revoque, varios de ellos reventados. Unos cuadros con el papel oxidado contenían advertencias y recomendaciones que nadie leía. Caminó sobre el piso de mosaicos siguiendo los desdibujos que marcaban las huellas de incontables pasos anteriores.
Parada frente al escritorio, Paula aguantó cabizbaja mientras la mirada lasciva del guardia la recorría desde la frente a las rodillas. Después de devolverle el documento, con un movimiento de cabeza el hombre le señaló una puerta marrón al tiempo que le ordenaba:
- Pasá a la piecita para la requisa.
Al entrar, una bocanada de olor desconocido la recibió de golpe, era una mezcla de aire usado y hospital. El atisbo de una náusea le marcó el asco. En la habitación sólo había una vieja camilla despintada, una banqueta y una pequeña mesa metálica. Estaba apenas iluminada por un ventiluz cerrado, y un ventilador de techo, que había sido blanco, giraba lentamente silbando un monótono shic shic.
Desde la banqueta donde estaba sentada, una mujer uniformada le preguntó sin mirarla:
- ¿Primera vez, no? - y agregó sin esperar respuesta-. Dejá el bolso ahí y sacate la ropa.
Paula dudó un momento, fueron unos pocos segundos que su verguenza le pidió demorando su accionar.
- ¿Qué esperás? – la apremió la guardiana –. Hay mucha gente esperando.
Resignada, la muchacha empezó a desvestirse por la parte de arriba. Cuando quedó con el torso desnudo, la mujer le indicó con el mentón el broche de la cintura del vaquero. Ella lo desprendió y se bajó lentamente los pantalones.
- Todo – le dijo la guardiana.
Paula volvió a demorarse, pensó en Rubén, en su rostro desesperado que la estaría buscando nerviosamente entre los visitantes, en las penurias que habría pasado en esos días allí adentro, en la comida y los cigarrillos que le traía en el bolso. En medio de ese torbellino de imágenes que inundaba y confundía su mente, enganchó los pulgares en el borde elástico de su bombacha y de un tirón se la bajó. Cerró los ojos, rogando que pasase pronto ese momento, pero el ruido del picaporte la obligó a abrirlos nuevamente. El guardia del escritorio entró rápidamente y dirigiéndose a su subalterna le ordenó:
- Dame un guante.
Indefensa, Paula temblaba mientras sentía cómo se debatía en su interior la lucha entre su dignidad y su amor a Rubén. Un sofocón ardiente le recorrió el cuerpo incitándola a la resistencia y a dar batalla, atinó un gesto, pero fue en ese instante cuando decidió darse por vencida.

Héctor Ricci