
Epoca:siglo XVIII - La madre de Jennifer le informó que debía viajar a Londres para visitar a su tía Emma, pues la misma estaba algo enferma y necesitaba ayuda. Esta se preparó para el viaje, de muy buen grado. Era una joven medianamente atractiva, pero su progenitora no había logrado aún conseguirle un candidato para su casamiento. No debía perder tiempo pues ella ya había cumplido 26 años, y no se había comprometido con nadie, pues ella no quería casarse sin estar enamorada. Tenían sus grandes discusiones a causa de ello. Sin embargo, la madre, secretamente, tenía la esperanza que este viaje quizá la hiciera encontrar algún candidato...
Debía viajar con una amiga de la familia, Helen Lancaster, que también viajaba a Londres.
Cuando llegó el carruaje para llevarla, descendió un caballero para darle la mano para subir... era el sobrino de lady Helen, Howard, que acompañaba a su tía.
Al subir, sostenida por su mano, Jennifer sintió algo raro. Al sentarse enfrentados, y luego de los saludos de Helen, se quedaron mirando, sin decir palabra. Durante el viaje sentía su vista clavada en ella, y su corazón empezó a latir tan fuerte que temió que pudieran escucharlo. La única que hablaba era la tía, y ella le contestaba como podía.
Al llegar le pidieron que fuera una tarde a tomar el té con ellos. Se despidió con una reverencia y observó como él la contemplaba detenidamente...
La tía Emma tenía muchos dolores, algunos inventados o exagerados, pero ella supo como tratarla. Lo que necesitaba, más que nada, era conversar... y en esas charlas le preguntó a Jennifer si no tenía ningún galán en vista para casarse. Ella le dijo que no, pues ella quería casarse enamorada. Lo cual era muy difícil, pero en un momento le hizo la confidencia del viaje con el sobrino de lady Lancaster y que la habían invitado a ir a tomar el té. Emma en seguida se alegró y le dijo que fuera ese mismo día a visitarlos.
Llegó muy emocionada a la casa de los Lancaster, en Grosvenor Square, a las cuatro de la tarde. Esperaba secretamente que estuviera Howard, pero la recibió la tía con grandes abrazos y palabras de alegría. Le informó que su sobrino estaba por llegar pues había salido por negocios. Esto la alegró pero al mismo tiempo se sentía turbada. Una hora más tarde, cuando estaban tomando el té, llegó la persona tan esperada. Al verla, se quedó parado un instante, sorprendido y mirándola con esos ojos profundos que la hacían sonrojar. En seguida comenzó una conversación variada y cuando se dieron cuenta, ya había anochecido. No permitieron que se fuera sola; el la acompañó en un carruaje hasta la casa de la tía. Al bajar y tomarle la mano, se la retuvo unos segundos, apretándola muy fuerte. Ella saludó, agradeció y entró rápidamente.
El quedó unos minutos delante la puerta y luego subió al coche, alejándose.
Unos días después, llegó una carta de su madre, pidiéndole que volviera, pues anunciaron un baile cerca de la casa y ella quería presentarle a un caballero...
Jennifer se despidió de la tía prometiéndole volver pronto. No tenía quién la acompañara e iba a viajar sola. En una parada del carruaje, subieron unas personas desconocidas y atrás venía ... Howard. Cuando la vio se alegró pero le preguntó porque no viajaba acompañada. Ella le contestó que no tenía con quien ir, pero entonces el le dijo: - pero ahora tendrá quien la cuide hasta el final de su viaje - Jennifer le regaló una sonrisa y estaba muy feliz. En la conversación le comentó que la madre quería que fuera a un baile a su llegada, y que le presentaría un caballero , seguramente con fines de casamiento. En la cara de él apareció un gesto de preocupación.
El día del baile, la madre le dijo que tenía dos personas para presentarle y que esperaba que aceptara a uno de los dos. Ella tuvo otra discusión reafirmando su negativa de casarse sin amor. Igualmente prometió ir y conocerlos.
Habían llegado temprano y muy pronto la madre le presentó al primer pretendiente: un señor de bastante edad, de complexión obesa, del cual ella quería escapar. Se negó a bailar, aduciendo que era demasiado temprano. De repente entró Howard y se dirigió hacia ellos. La madre le saludó muy amablemente y le dijo a su hija: - Jennifer, te presento al señor Howard Lancaster que tenía muchas ganas de conocerte - los dos se miraron... no dijeron una sola palabra para no descubrir que ya se conocían... y salieron a bailar inmediatamente.
La madre nunca supo que su hija estaba enamorada y tenía deseos de casarse con este caballero, y por lo tanto creyó que gracias a ella, se consumió este matrimonio...
Eliane